Posteado por: Don Quejoso | noviembre 5, 2008

El anonimato en Internet

032_kestrelIdeas guardadas por días y días. Intenciones nunca dirigidas. Palabras jamás mencionadas. Personalidades que nunca vieron la luz. Perversiones maquilladas con la tinta de lo cotidiano. Pecados sin confesar. Todos ellos tienen su mesías y su condena: el anonimato en Internet.

¿Quién sería yo si no fuera el muñeco fusilado del show de los Muppets a quien rebauticé “El Quejoso”? ¿Quiénes serían ustedes sin la máscara que porta su avatar? ¿En qué otro tipo de comunidad-no-virtual tendríamos cabida?

Internet nos habilita un medio de expresión sin precedente. Casi sin riesgo. Una manera diferente de hacernos sentir escuchados, queridos, odiados o ignorados. Estamos aquí por la misma necesidad de comunicar que la que tuvieron nuestros antepasados. Pero ¡aún mejor!. Ahora podemos decir todo, sin el temor de las consecuencias. Una adecuación tecnológica del dicho “tira la piedra y esconde la mano”.

Pero yo me pregunto… ¿es esto siempre bueno?. Es cierto que nosotros, los humanos de la actualidad, tenemos la oportunidad de decir cosas por Internet que antes era impensable siquiera expresarlo al párroco de confianza por miedo de la excomunión; pero al no haber un límite natural sino la que marca nuestra propia naturaleza ¿qué puede suceder?. Dicho de otra manera, si nadie toma responsabilidad por el peso de sus propias palabras ¿qué consecuencias inimaginables pudiéramos ver dentro de 5, 10, 50 años? ¿no habremos abierto la caja de Pandora?

Ante una sociedad alienada que nos exige la concordancia conductual básica de las relaciones personales, nuestro escape natural es resguardarnos bajo la sombra de nuestro avatar, de nuestro personaje ficticio que defiende nuestros verdaderos ideales, que pelea por lograr una vida que nosotros, de carne y hueso, no pudimos (ni podremos nunca) vivir. Ese hidalgo que es tan nuestro, pero al mismo tiempo tan desechable, que dice las cosas que nosotros a veces no tendremos el valor de decir en nuestra vida “normal”.

¿No estaremos a la larga creando una sociedad de gente virtual? ¿reemplazarán las famosas redes sociales virtuales a las verdaderas?. ¿Seremos zombies que trabajen “el día a día” para conseguir los medios para mantener nuestras nocturnas personalidades virtuales?. ¿Nuestra existencia se reducirá a ser tan sólo cuerpos físicos portadores de personalidades electrónicas?.

Sería como en Matrix, pero al revés.

Ahora, para terminar mi intervención, me surge otra pregunta: Esto que acabo de escribir… ¿lo escribí porque realmente pienso que esto es posible, o… tan solo porque estoy portando una personalidad ficticia que eso debe pensar?

Está de pensarse, no?

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