Posteado por: Don Quejoso | noviembre 5, 2008

La inexplicable sensación de ser papá

padre_hijo
No conozco una palabra o una frase que lo describa. No hay un poeta que haya plasmado la inmensidad de su fuerza, ni matemático que desarrolle la expresión que lo pueda medir. Sin embargo, cuatro letras pueden contener mucho más que un significado cuando lo experimentamos en carne propia. Tan fácil que es decir: papá.

Estamos tan acostumbrados a vivirlo día con dia, y tan sencillo que parece, pero no. No lo es. Quien trate de describir la sensación de ser papá está condenado a fallar. Está totalmente perdido.

Cuando uno se inicia en este oficio de vida las cosas no parecen tan complejas. Uno se reduce a compartir con amigos y familares el gozo y felicidad acostumbrados para presumir al recién llegado. Los chocolates, los puros, las tarjetas y los banners de “¡es niño!” son meros simbolismos que reflejan la tradición, pero nunca imprimen la fuerza del sentimiento. Del exceso de sensación que se experimenta cuando uno es donador de vida.

Al principio ni cae el veinte bien. Tan sólo se reduce uno a ser espectador de los eventos naturales de la espera nuevemesina. Los preparativos, la colchita de la cuna, la incapacidad del IMSS, los trámites del registro, el habilitar el cuarto para la suegra, el conseguir el billete para el parto…. todo eso!! Todo eso nos distrae de una manera, digámoslo así, “burocrática”. Nos distrae de las verdaderas implicaciones del hecho: “Despierta Roberto, eres papá”.

Ver sus manos pequeñitas, su nariz achatada por el parto, su piel rosada aún con puntitos blancos, su acto reflejo al poner tu dedo en su palma que hace que se aferre a tí como si reconociera que eres tú el que contribuyó al milagro. Cargarlo con miedo a apachurrarlo, tratar de ver en el fondo de sus ojos esa alma recién estrenada, esa nueva persona que se debe a tí. Todo eso te alimenta el corazón como nada en la vida.

No, no se puede entender eso hasta que se vive. No se puede explicar, no hay manera.

Lo curioso es que es una sensación que nunca se va. Ahí está, bajo el desorden de ideas. De los calcetines mal acomodados que nos quitamos al regresar del trabajo. Bajo el estado de cuenta de la tarjeta de crédito y abajo de la nota de gasolina de tu carro. Es un sentimiento que te acompaña siempre pero que no te percatas que está ahi hasta que levantas tu cochinero.

Hoy, que estoy en medio de una decisión importante en mi vida me di cuenta de lo mucho que me influencía el “simple” hecho de ser papá, y lo que me encanta que así sea.

Hoy, levanté mi cochinero y reapareció ese sentimiento inexplicable. Que bueno es volverlo a ver. Qué bueno es volverlo a sentir.

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