Posteado por: Don Quejoso | enero 16, 2009

El cortejo fúnebre

funebre1El lugar donde trabajo está sobre una avenida que es única ruta para llegar a 2 cementerios importantes de nuestra ciudad, por lo que no es raro encontrarse con largas filas de autos provocadas por los cortejos fúnebres que tienen alguno de estos dos tristes destinos.

La mayoría de personajes en el desfile se miran inexpresivos. Caras de maniquí. Muchos usan lentes oscuros para disimular los ojos llorosos y otros varios para disimular su falta de lágrimas. Todos los autos formaditos, utilizando el carril de baja velocidad, con sus luces encendidas.

Es una situación que nadie quiere experimentar, pero… ¿qué necesidad hay de que circulen a una velocidad tan lenta?

Se me figura que en las carrozas, aparte de traer al difunto, cargan una olla llenita de pozole y tienen que caminar lento para que no se les derrame el juguito. No vayan a manchar la camisa del muertito, ni lo mande Dios.

Y ahí van todos los demás atrás de la carroza. Como si no supieran la dirección del panteón, no se vayan a perder. Todos, al pasito, leeentos. Haciendo un estorbo de los mil demonios. Provocan congestionamientos y caos, pero ¡ah no! ¿Cómo van a ir más rápido? ¡Están llevando a un muerto!… pero digo, ¿qué les puede pasar si van más rápido?. Caminan todos como de puntillas tratando de no despertar al difunto. Y no, no se va a despertar. Ni tampoco le pasará lo que dijeron que le pasó a Pardavé. Písenle, anden. Písenle. El muerto muerto está.

Si es por el lado del respeto, yo no veo de qué manera pudiera ser falta de respeto el que la aguja del velocímetro llegue a 50km/h cuando menos. En cambio sí se me hace falta de respeto por parte de los miembros del cortejo provocar un desmadre nomás porque se les murió el tío Toño. ¡No inventen señores! ¡El tío Toño ya ni se va a enterar! ¡Písenle!.

Ah, pero no. Ahi están todos con cara de tío Toño. Secos. Con cara chupada. Estorbando y que. Con las luces de sus autos encendidas como justificante, que más bien portan como credenciales que los hacen merecedores del privilegio de formar parte del desfile. Como aquellos inconcientes que ponen sus luces intermitentes para estacionarse en doble fila, como si eso fuera suficiente para no causar caos “¿Y por qué me pitan? ¿no ven que puse las intermitentes?”. Mta…. bueno… eeentonces, ahí van todos los agremiados, dudosos entre si meter la segunda velocidad en sus carros o llevársela en pura primera. A veces pienso que están queriendo gozar sus 10 minutos de fama. “Mírenme, estoy haciendo un desmadre pero no me importa, tengo permiso ¡traigo las luces encendidas!”. Chale.

Ah, y aparte entre más larga esté la fila ¡mejor!. Que todo el mundo sepa que al tío Toño lo quería mucha gente, ¡ah, claro!. Si fueran 2 tristes autos los que fueran detrás de la carroza hasta pena daría, que barbaridad. Y ahora si ¡písale carrocero!, que no hay que evidenciar que al muertito no lo quería nadie. Que va a decir la sociedad, no?

Claro que uno no quiere darle más problemas a los que sufren de una reciente pérdida de esa naturaleza, y por eso no les receta uno su respectivo ta-ta-ta-ta-ta con el claxon a los miembros del convoy, pero de que dan ganas: dan.

Méndigo tío Toño. Hasta muerto causas problemas, me cae.

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