Posteado por: Don Quejoso | junio 3, 2009

Y de la nada, desperté (versión explicada)

He recibido algunos comentarios acerca de que la forma de relatar mi historia de ayer está un poco rebuscada y que al final de cuentas no se enteraron ni qué pasó. Y pues, sí, si tienen razón. Sí está muy rebuscado.

Para todos los que amablemente me lo hicieron notar hice esta versión, pero explicada y así quedemos todos conformes. Muchas gracias:

Lo que se escribió

Lo que significa

Y de la nada, desperté. Como acusado por un despertador interno que me aconsejaba devenir la realidad tangible por sobre la inmaterial ensoñación.
Me despertó un pedo. Ya no supe si mío o de ella. Me quedé con la sensación de que estaba soñando algo chido, pero ni me acuerdo.
Me tomé un segundo para avivarme y acomodar mis sentidos.
¿Qué pasó? ¿Qué fue eso? Fuaaaa!
Aún aturdido por el letargo presioné mis párpados para abrir mis ojos con más fuerza y tomar esa dosis por vías oculares que me fue recetada por los leves rayos de luz que se colaban por entre las cortinas.
La peste estaba cañona. Hice cara de Susan Boyle mientras agitaba las cortinas para dispersar el olor.
A mi izquierda, la cordillera de su figura se perfilaba perfectamente bajo el satín que cubría su cadera.
Y ahí estaba la Lupe. Re-bueeeena. Estaba totalmente encuerada y con una sábana que nomás le tapaba el cabús. Raro, porque siempre anda bien entrapajada mata-pasión hasta en el verano.
Su cabello bruno y desordenado como noche de viento se escurría sobre sus hombros como cascadas de petróleo.
De sus greñas de lagrimita le escurrían todas las porquerias que se pone en el pelo que siempre se lo deja bien ceboso. Quesque “tratamientos”.
La trinchera dibujada a media espalda producía sombras suaves que delineaban la perfecta curvatura de su osamenta
Me le quedé viendo la espalda y se le hacía como una lonja rara.
y el terciopelo dorado casi imperceptible que la cubría brillaba a contraluz iluminando en destellos caprichosos.
Ni me había fijado de que la Lupe estaba tan peluda. Bueno, o sea que sí me había fijado de algunas partes, pero no de todas.
Agradecido ya con el despertador invisible que me aguzó seguí saboreando los contrastes más allá de los colores.
Pero pues ya qué, ya estaba despierto. Aproveché para zorrear a la Lupe mientras estaba dormida y no me iba a poder reclamar.
Queriendo ver aún más y tratando de mantenerla alejada de la conciencia interruptora, lentamente recorrí su envoltura hasta descubrir su universo.
Así que despacito para que no sintiera (porque cuando la despierto se pone de un humor de los mil demonios) le quité la sábana para checar la calidad de la melcocha.
El espectáculo, sublime:
Y que le veo su aquellito… y ¡ay amá!
Aquel desplante con que enarbolaba sus excesos provocaban en mí poco menos que incredulidad.
Se le veía un trasero tan apachurrable como el de la Thalía (mi secre) y yo nomás me quedé de las de “ay, no mames ¿todo eso te vas a tragar?”.
Quedé enajenado con la línea de su contorno con mi boca entreabierta y mis pupilas tan grandes y redondas como la luna adosada que me extasió.
Me quedé como pendejo un rato, y hasta la baba se me salió cuando le estaba viendo esas nalgotototas de concurso.
Los acentuados claroscuros provocaban el apetito del roce, el regocijo del tacto. Alargué mis dedos para robar un poco de su esplendor,
Se me antojó darle un buen apretón y hasta hice la mano así como para exprimir toronjas,
sin embargo, por el bien del sigilo ahogué mis movimientos dejando la mano en el aire, a centímetros de su superficie, tan sólo acariciando su atmósfera.
pero si lo hacía de seguro me iba a meter un codazo en el ojo, ya la conozco. Me conformé con hacer la finta como si la apretara de a devis.
A pesar del tinte profundamente erótico del momento no hubo livianidad. No prosperaron arrebatos ni sudoraciones pues las intenciones eran otras.
A pesar de que Rocky ya estaba listo para la acción le dije que si era pasión que se le borrara, porque la cosa no iba a estar así de fácil. Huy no, y menos en lunes.
En ese lapso tan sólo quería convertirme en admirador de la belleza. Vaya, mucho menos que eso: en un aprendiz, un diletante.
Así que me conformé nomás tratar de grabarme la imagen pa’ cuando haya necesidad “de recordarla”.
En un instante inmediato, su hombro giró hacia atrás revelándome el premio de los que esperan. La curvatura convidada se asomó al mismo tiempo que me quedé suspendido en el pasmo.
Y de repente, que la Lupe se estira subiendo un brazo. Yo pensé que se iba a tirar otro, pero no. Y justo estaba en esas ¡cuando se le vio una chichi!. Yo nomás me le quedé viendo con cara de perro hambriento.
Queriendo acariciar su aroma acerqué mi cara a su cúspide y cerré mis ojos para saborear su irradiación.
Me acerqué para darle una chupadita leve nomás para quitarme la tentación, pero de nuevo me dio miedo de que se despertara. Es que en serio no la conocen.
Giré mi cara para que mi mejilla fuera besada por el calor de su cuerpo; mi cabeza bailaba al ritmo de sus palpitaciones.
Hice como que me las embarraba en la cara al ritmo de “tu eres mi mamita rica y apretadita, mamita mamita, rica y apretadita” del General.
Estaba tan cerca de ella que podía sentir el movimiento de su sangre, y sin embargo tan sólo su esencia me tocaba, me envolvía.
Hasta llegué a sentir el olor de su aliento de tan cerquita que estaba, así que mejor me quité de ahí. Digo, si no era manda.
Con los ojos aún cerrados, sonreí humilde y agradecido. Tomé el regalo que me fue concedido y lo disfruté.
Estuvo chido, le di una buena agasajada a la Lupe y ella ni en cuenta.
Luego, escabullí mi brazo izquierdo bajo su cuello, levantando un poco su cabello.
Pero pos ya tenía mucho sueño así que mejor quise voltearme a mi lado de la cama para ora si dormir después del taco de ojo, pero no me había dado cuenta de que había estado aplastando su pelo mientras andaba de goloso, así que hice como que la abrazaba antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo. No quería que se enojara.
Besé suavemente su hombro expuesto rompiendo la tregua del contacto. Me acurruqué junto a ella; adherí mi pecho contra su espalda y mis rodillas en sus corvas.
Y que se despierta la Lupe dicíendome “bueno, que chingados traes, ya duérmete!”… -Si mi reina, no te esponjes chilaquil – le dije pa’ que no se enojara y hasta le di un beso en el hombro pa’ que no la hiciera de tos. Me arrepegué con ella y le di un buen arrimón nomás para que sintiera el rigor.
Ella despertó levemente dándose cuenta de mis movimientos y reconociendo mis intenciones.
Y que la Lupe se asoma para allá abajito nomás sintió el arrepegón y que me dice -¿Qué te traes Dagoberto? ¡pontempáz! Es bien noche no manches pinche jarioso!
Cooperó fundiendo aún más su espalda sobre mi pecho y con ello me hizo recordar lo mucho que le gusta dormir así.
Y yo que le digo -ots, no pasa nada Lupe, es nomás pa’ recordarte que tú eres mi acá y por eso te cuchareo. -Yo creo que le gustó mi respuesta porque hasta me las repegó más, y que me dice -Ya pues, ya duérmete que tienes que levantarte temprano para comprar el gas que se acab…
La abracé rendido al sueño, y agradecido con todas las pequeñas cosas que tuvieron que suceder para que este fuera un momento de esos que se coleccionan como fotografías a las que se les escribe algo bonito en la parte de atrás.
Y pos que se me queda dormida la Lupe así nomás de las de acá. Con boca abierta y toda la cosa. Ni siquiera alcanzó a terminar la frase y ni chanza me dio de sacar el brazo. Chale, y luego termina uno a media noche con el brazo bien hormigueado.
Pos ya ni modo, ya tenia que dormirme porque la verdad ni me acordaba que en la mañana tenía que andar correteando a los güeyes del gas para que me traigan un cilindro. Total, a ver si mañana si le toca cena a Pancho.
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