Posteado por: Don Quejoso | junio 29, 2009

Mis dos hojitas

religión en pazExtraño aquellos días en los que la responsabilidad de mi educación espiritual residía en alguien más. Era fácil sólo dejarse llevar por el sendero que me indicaban. Después de todo, si alguien sabía lo que era bueno para mí y qué no eran ellos.

Pero crecí, y esas flechas que me indicaban el camino fueron lentamente absorbidas por la tierra. Decidí ser cuidadoso entonces. Si ya nadie me iba a decir pa’ dónde ir, debía caminar con paso seguro. Buscando mi propio sendero, sí, pero sin comprometer la integridad de las convicciones que iba integrando a mi propio almacén. Debía idear un sistema de auto-protección.

Así que crecí con esa intención de cuestionar todo cuanto me era presentado. Había que evaluarlo todo. Crecí adhiriendo la sospecha hacia aquellas palabras en las que se construían los dogmas y me hice más amigo del recelo que de la garantía ciega. Le hice más confianza a las conclusiones de mi razón que a las propuestas de lo sobrenatural aunque vinieran de bocas amigas. Me costaba cada vez más trabajo tragarme lo que a otros no les costaba nada o casi nada.

Crecí mi tronco con la enredadera de la cautela circundándome y que me enseñó que no todo en esta vida es lo que parece y que no hay tal cosa como lonches gratis.

Pese a que siempre estuve rodeado de gente creyente nunca pude entender su entrega desinteresada a esos cuentos fantásticos de paraísos y profetas sin comprometer siquiera un poquito la intriga de la razón. Lo ponían tan tranquilos en el baúl de sus propias creencias como si hubiera sido fruto de su propia deducción. ¿Por qué no le piensan un poquito? – decía yo.

He de estar orgulloso. Este fuerte que me empeñado en construir me ha ayudado a evaluar todo aquello cuanto me es dicho y a crearme un criterio por mi propia cuenta. Este tamiz ha formado parte de mí tanto ya, que tiene su propia individualidad. Ya es un ente independiente. Ya hasta se maneja solito. He confiado tanto en él que le he conferido responsabilidades tan importantes como la de decidir qué cosas pasan para adentro y qué cosas no. Ya con eso me despreocupo. Y no sólo cosas del ámbito cotidiano, sino que también tiene gerencia sobre las materias del plano espiritual. Es un buen cedazo. Es mi amigo Tamizardo.

Hoy, después de muchos años, sentado con el atardecer encuentro un momento de paz para ver mi construcción: majestuosa, imponente e infalible, pero siento que me hace falta algo. Como dicen los gringos: something’s missing. Siento en mí que algo no está bien. ¿Qué será?

Decido entonces buscar la bitácora de trabajo de mi amigo Tamizardo, cosa que dejé de hacer durante años, por la confianza excesiva en la efectividad hacia su trabajo.

La bitácora tenía dos secciones: «No permitidas» y «Permitidas». Me pareció lógica la organización. Me imaginé de inmediato que todo aquello que estaba en la sección de «No permitidas» era todo cuanto Tamizardo decidió que no era apropiado para mi. Qué muchacho tan listo, tan eficiente.

Abrí la sección de «No Permitidas» y hojeé una cantidad impresionante de rechazos que se han efectuado a lo largo de mi vida mientras asentía complacido con el trabajo de mi amigo. Cómo se nota su dedicación y empeño en protegerme. Insisto: ¡qué muchacho tan eficiente!.

78Tantas cosas en tantos días: Dietas de reducción de peso sin ejercicio, campañas políticas, declaraciones de famosos, ovnis, fantasmas, productos milagrosos, remedios caseros, amigos de borrachera, palabras de prostitutas, agua de Tlacote, etcétera. Un sinfín de cosas inverosímiles que simplemente no lograron superar la inspección de Tamizardo y su adusto criterio. Sus argumentos no pudieron convencer a mi cancerbero personal.

Llegué entonces a la sección de «Permitidas» y la cosa cambió radicalmente. Tomé entre mis dedos a las dos hojas en las que estaba todo lo permitido y dije sorprendido ¿¿esto es todo??

Dos hojitas.

Claro, su contenido era definitivamente lo más importante para mí, pero ¿¿dos hojitas?? ¿Que no hay nada que me sorprenda ya? ¿No existe algo que me llegue? ¿Qué pasó? ¿En qué puedo creer?… ¿¿creo en algo??.

Llamé a Tamizardo para que me diera explicaciones, pero no había mucho qué explicar. Lo más duro de todo fue saber que él sólo estaba siguiendo órdenes directas. Él hizo todo cuanto yo le dije que hiciera. No podía recriminarlo, al contrario: hizo su trabajo de manera inmejorable.

Cuando Tamizardo se fue a cuidar de nuevo la puerta sólo quedé yo mirándome al espejo. ¡Necesito tener más que dos hojitas, caramba!. No me había dado cuenta que soy pobre. Parece que estoy en crisis. En crisis espiritual.

Admito que me reconforta el haber leído la palabra “Dios” en la primera de mis dos hojitas, así que cuando menos sé que no soy ateo; pero me intranquiliza que no haya mucho acerca o alrededor de Él, pero más me intranquiliza que la palabra ya no estaba tan legible.

Me pareció que estaba escrita con lápiz desde hace mucho tiempo y a raíz del uso cotidiano de la bitácora y el roce de papel contra papel
había desvanecido un poco su claridad. Esto me hizo caer en cuenta de dos cosas: La sección de «Permitidos» se usa realmente poco y -la más inquietante- lo que existe en esa sección se lee muy poco y está en peligro de desvanecerse indefinidamente por la falta de reafirmación. Hubo un intento de reafirmación hace unos pocos meses, pero nomás. El asunto terminó igual de confuso que como estaba antes.

Hay que tomar una decisión importante. Y no puedo pedirle ayuda a Tamizardo ni a nadie en particular. Con lápiz en mano tengo dos opciones: remarcarlo o dejarlo borrar. Bueno, ahora que lo pienso hay una tercera opción: borrarlo de tajo, pero se me hace un ejercicio muy cruel. No para Él, sino para mí.

Por un lado tengo suficiente “evidencia” que me dice que lo más lógico y práctico es dejar borrar Su nombre. Es más fácil creer en lo que se ve, en las leyes de la física. Es más fácil cerrar definitivamente la posibilidad de lo intangible. Sería mucho más reconfortante el saber que las plegarias son sólo maneras de lograr la auto complacencia espiritual y que nos ayudan a sobrellevar la carga emocional de la que a veces estamos absortos. Sería mucho más fácil acabar de una vez por todas con la incertidumbre hacia la ansiada respuesta divina después de un llamado desesperado al cielo si dejamos de esperar dicha respuesta. Sería mucho más práctico jugar con las canicas que uno tiene porque así se pueden contar fácilmente, sin el desasosiego que provocan las canicas invisibles. Se tendría más certidumbre al saber que lo que tiene que hacer uno es sólo en esta vida sin esperar una recompensa o un castigo en la que sigue. Y al final, con las cuentas claras, uno puede conseguir la paz interior.

Pero por otro lado… ¿matar la posibilidad de que Dios viva en mí?. Es una gran responsabilidad. No me animo a actuar, aunque sé, de facto, que mi falta de acción también es un tipo de acción. Y la verdad no sé si algún día tomaré esa decisión y tampoco sé que si la tomo no sea ya demasiado tarde.

Quedé entonces reducido en un rincón de mi fortaleza (las paradojas de la vida), tan solo con la luz de la chimenea. Y deseé volver a aquel cobijo que me daba la ignorancia. Deseé abrazar de nuevo aquella capacidad perdida de absorber creencias de origen ajeno. Extrañé aquella sensación de “sentirse dentro”. Sentirse “parte de”.

Necesito darle vacaciones a Tamizardo. Se las merece. Y yo también.

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Responses

  1. Muy buena reflexión, ojala busques lo que de verdad quieras encontrar.

  2. Ah mi buen Quejoso… busquele, busquele… ya despues nos contaras que encontraistes. (No te puedo ayudar en tus cuestionamientos, que aunque yo ando en la misma busqueda, mis respuestas no te sirven a ti).


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