Posteado por: Don Quejoso | agosto 23, 2009

Los Otros

119Hoy estuve divagando inducido por la eternidad del rojo mientras pretendía al verde. Pensaba en la diversidad.

Pensaba en lo mucho que el término está de moda, en lo mucho que se ha propagado. Es un término que en la actualidad ha encontrado la temperatura perfecta para incubar y propagarse. Es lo “in”. Es el pretexto perfecto para acurrucarnos en la comodidad de la aceptación social y enarbolar esta bandera alegórica de la libertad del nuevo milenio. Aquel que se adscribe en la aceptación de la diversidad reconoce en ella la única manera de vivir en una sociedad cooperativa y no desctructiva.

¿Será? Nah, no creo.

Para delimitar antes de continuar: No estoy hablando del gobierno de ningún país que mutila la libre expresión o de alguna subcultura neofascista que busque la raza perfecta. No. Ya sé que eso da tema para hablar justamente de lo contrario a diversidad, pero a los que me estoy refiriendo en esta intervención es a la gente que proclama el respeto por la diversidad entre las personas. Aquellos que se reconocen a sí mismos como defensores del movimiento de aceptación de nuestras diferencias en formas de pensar, tendencias sexuales, creencias religiosas, etc. . Los “open mind”, vaya. Los que dicen que todo lo respetan. Pero en realidad es pura pantalla.

Hablo de aquellos que dicen que “yo respeto a los homosexuales, pero que mi Juanito no se le ocurra salirme con una jotería porque lo desheredo”. Hablo de los que dicen que la democracia es un ejercicio de libertad, pero ay de aquel estúpido que vote por el verde. Estos son los mismos que se indignan porque no hay rampas para sillas de ruedas en una tienda departamental pero que también son los huevones que prefieren utilizar su espacio reservado en el estacionamiento en lugar de caminar 50 metros. (ah claro, poniendo sus intermitentes, que ya con eso es redención). Si, ustedes sabes quienes son.

Pura pantalla. Eso es lo que son. Quieren usar sus playeras blancas de diversidad y respeto, pero en realidad es sólo porque aquel que las usa se ve bien ante los ojos de los demás. Los incluye.

Y ahora, ya delimitada la cancha del juego ¿te atreves a decir que no perteneces a este grupo? ¿seguro?. ¿Me vas a decir que nunca discriminas a nadie? ¿seguro?. ¿Nunca has hablado condescendientemente con un jardinero queriendo hablar “su caló” nomás para que no piense que eres un estirado? ¿nunca has pensado que tus vecinos son unos pinches nacos porque escuchan pura música de banda?. ¿No piensas que tú eres en cierto grado “mejor” que ellos porque te gusta el rock o la electrónica? ¿No te sientes “más acá” que tu primo que nomás terminó la prepa y tú llevaste una carrera? ¿nunca has comparado tu auto con el de tu “amigo” de la prepa que tuvo mejores calificaciones que tú o que te bajó la novia?

Si tú respondiste no a todas las preguntas, pues que bueno por tí. Nomás respeta mi derecho de no creerte, también.

¿Yo? Yo la verdad no me atrevo a decir que nunca he denigrado a alguien o que no he calificado de erróneas o equivocadas las ideas de alguien más. Por supuesto que me uno al equipo de los discriminadores. Claro que he sentido miedo al caminar por una calle oscura del centro y ver a un encapuchado caminar en sentido contrario al mío. Claro que he pensado que quien está causando una broncota vial por no animarse a entrar al periférico es una mujer. Me acuso culpable de pensar que si te para un policía o un agente de tránsito es sólo para bajarte lana. Soy un recurrente de los estereotipos. Por lo tanto, alguien que discrimina. Alguien que excluye. Alguien que cree en las diferencias entre uno mismo y “los otros”.

Alguien que discrimina por definición también es alguien que no se siente cómodo con la diversidad. Si habláramos en términos absolutos, claro está. Yo no me puedo llevar bien con TODA la gente. No puedo respetar a todos en la misma medida.

Entonces, creo que no es tanto quién está a favor o no de la diversidad, sino *qué tanto* se está a favor de la diversidad. O *en qué cosas* se está a favor de la diversidad. Sólo es cuestión de autoanálisis, empezando por aceptar que a lo mejor no somos tan “open mind” como nosotros creemos.

Creo que esta moda de aceptar la diversidad es sólo eso. Es una utopía. No creo que esté en nuestra naturaleza el respeto mutuo y absoluto.

A lo mejor luego abordamos el tema del amor, la compasión, la benevolencia, y todas esas fuerzas que contrarrestan y nos dan equilibrio como personas y como sociedad, pero por lo pronto te dejo la semilla: ¿qué tanto le apuestas a la aceptación de la diversidad? ¿es algo posible de integrar completamente en nuestras vidas?

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