Posteado por: Don Quejoso | mayo 26, 2012

La entrevista de Josefina Vázquez por tuiteros

El día de hoy presencié algo sin precedente: Un livestream en donde un conjunto de tuiteros populares (tuitstars que les dicen) encabezados por @ChumelTorres entrevistaron a la candidata del PAN por la presidencia de la república Josefina Vázquez Mota.

Primero lo primero: No dejo de reconocer que la labor que hicieron Chumel y los demás tuiteros fue un parteaguas y seguramente veremos más intervenciones de este tipo en el futuro. Empezaron un nuevo capítulo en la historia de nuestro país. Por ello merecen mi mayor respeto y admiración.

Segundo: Es cierto. Hubieron algunos fallos. El audio era poco entendible, el “formato” fue un poco despersonalizado dejando afuera la grandísima oportunidad de la interacción que el mismo twitter ofrece, las habilidades de interlocución de los tuiteros y su entendible nerviosismo (no cualquiera se la avienta, es la verdad) dejaron ver una entrevista que más que entrevista fue un infomercial de una hora a favor de la candidata.

¿Fue un foro de libertad de expresión?. Sí, claro. Pero fue más un foro de libertad de expresión para la candidata que para los que estábamos presenciando el momento, o para los mismos entrevistadores. Hizo falta mucho más moderación en las preguntas, porque el tiempo lo aprovechó Josefina con su gran colmillo para más allá que contestar las preguntas hizo el discurso de convencimiento que tiene ya tan ensayado. No hubo confrontación, no hubieron preguntas incómodas, no hubo interacción. A lo mejor hicieron falta invitar otros tuiteros más “colmilludos” en el panel, sin dejar que el espíritu de libertad y juventud se pierdan.

Pero no quiero que el segundo punto opaque el primero. Si bien es cierto que existen cosas por mejorar no hay que dejar de lado la importancia que merece el acto del día de hoy.

Después de los eventos de la visita de Enrique Peña en la Ibero, las marchas estudiantiles posteriores (YoSoy132) y esto que vi hoy tengo una esperanza revitalizada en la democracia de mi país. Gracias Chumel, gracias a los demás organizadores de este evento tan importante.

Una felicitación a todos ustedes, a todos nosotros. Este movimiento es de todos.

Sinceramente,

@DonQuejoso

—-

Link a la entrevista:http://www.livestream.com/josefinavm/video?clipId=pla_e8f03e61-0da9-43cb-9f40-aa831b57374a&utm_source=lslibrary&utm_medium=ui-thumb

Posteado por: Don Quejoso | septiembre 3, 2010

Yo contra mí

Germán Dehesa, escritor, analista, columnista y otros istas murió víctima de un cáncer terminal. A mí en lo personal me caía muy bien. Tenía una manera ligera de contar las cosas y un sentido de sarcasmo que admiro.

Y nomás por tratar de que sus palabras sigan resonando quiero compartirles un artículo en donde escribió acerca de él mismo: Yo contra mí.

Leer Más…

Posteado por: Don Quejoso | julio 13, 2010

¡Te extraño!

¿Por qué he de negar que te extraño? ¿Por qué he de mirar hacia otro lado y pretender que tu partida no me ha tocado?

Hasta mis amigos, mi familia me lo nota. Sienten el frío de tu ausencia atrás de mis ojos. El nuevo vacío hace un eco que no cesa.

Te extraño al despertar, cuando el primer sonido y la primera imagen del día te la debía a tí. Te extraño al desayuno cuando nos acompañábamos en aquella pequeña mesa blanca y celebrábamos el momento recién nacido. Te extraño cuando te llevaba en el auto, rumbo al trabajo. No había tráfico o lluvia matutina que nos pudiera molestar. ¡Estábamos juntos!.

Apresurar las labores cotidianas tan sólo por comer contigo se hizo una costumbre que nunca se pintó de tedio. No importaba comer hamburguesas o una elaborada comida de 4 tiempos, mientras estuviera contigo. Te extraño. Caramba, te extraño a toda hora. Tantas emociones, tanta vida. ¡Y quitármela así de golpe! ¡No se vale!

Esas noches en las que los minutos parecían obstáculos para meterme en cama contigo fueron maná del cielo y un auténtico alimento. Volver a impregnarme de ti era descubrirte de nuevo al disfrutar contigo aquella eternidad que se escurría en segundos.

Hoy, sin más: no estás. Estoy amputado de ti. Me siento robado, ultrajado. Te extraño.

Sabíamos que esto sucedería, es cierto. Sabíamos que nuestra relación tenía fecha de caducidad el mismo día que nació. Pero la pérdida anunciada no hace más fácil la despedida.

Te extraño.

Te extraño y espero a que vuelvas. El hueco que dejaste sólo puede ser llenado por tí y lo sabes. Eres una pieza de rompecabezas en mi mente, en mi corazón.

No me queda más que adscribirme con resignación al listado de los que esperan ansiosos a que se cumplan otros cuatro años para vernos de nuevo. Al fin de cuentas así ha sido desde siempre la copa mundial.

Posteado por: Don Quejoso | mayo 30, 2010

Don Quejoso le Canta a Free

Permítanme contarles una historia:

Era una tarde calurosa de mayo, justo como la de hoy. Don Quejoso admiraba desde el balcón de su casa, chela en mano y con camiseta interior sin mangas, el camión de mudanzas que se estacionó justo enfrente de su casa.

-Ah, esto será interesante. -pensó- Nuevos vecinos. Ojalá que no salgan muy jodones o prepotentes como mi vecino del 4 ni tampoco tan naco como el del 3. Ese que cree que todos debemos escuchar a la arrolladora banda el limón con la misma adoración que él lo hace. Ese mismo que prefirió pagar más de 10 mil pesos por un componente de 10 bocinas y 2 subwoofers en lugar de liquidar su cuenta con el SIAPA. Al cabo que agua no le falta. Ni cable, porque se lo roba.

¿Cómo serán los nuevos vecinos? ¿de qué pata cojearán? ¿qué apariencia tendrán?

De pronto, saliendo de una camioneta blanca y dándole indicaciones al chofer del camión aparece una mujer de cabello negro, tez blanca y jeans ajustados. Perfectamente bien ajustados, se pudiera añadir. Esta mujer que le daba la vuelta a los cuarenta tenía una apariencia juvenil y renovada. Erguida, confidente y de nalga parada. Portaba una coleta que oscilaba con el viento como una bandera. Un pequeño tatuaje en el tobillo se asomó, pero Don Quejoso no pudo distinguir los detalles.

-¿Quién es ella? – Dijo el viejo con ojos que centelleaban como monedas de plata mientras hundía su cabeza sobre sus hombros. Atinó su mirada a los ojos castaños de aquella exquisitez femenina. Ese apetito que había estado en desuso por tanto tiempo se despertó con la imagen de esa mujer. La semilla que se sembró hacía 5 minutos germinó de manera inmediata. Parecía increíble que con tan sólo 30 segundos de haberla visto por primera vez despertara alguien tanto interés en él. Don Quejoso agradeció su suerte.

De pronto, saliendo de la parte posterior de la SUV salió un pequeño niño. 9, 10 años de edad. Pálido de piel. Amarillento. Traía una gorra que no dejaba ver muy bien su cara desde la posición en lo alto que tenía Don Quejoso, que desmenuzaba le escena como un francotirador.

El niño, abrazando unas revistas se detuvo súbitamente como si se sintiera observado y poco a poco levantó la mirada. Hasta que las miradas del viejo y el niño hicieron contacto. El niño hizo un aspaviento haciendo la cabeza para atrás en señal de sorpresa, pero no cortó la conexión.

Don Quejoso, extrañado, frunció el ceño dejando que sus pobladas cejas cubrieran casi la mitad sus ojos, giró su cabeza unos cuantos grados como lo hacen los lobos antes de arremeter a su presa. Al ver que el niño no cortó el vínculo de la mirada hizo su cara rápidamente hacia arriba y abajo revelando el guiño clásico del “¿qué pasó? ¿qué quieres?”. La cara imberbe y de quijada pronunciada debido a la falta de dientes hacía de Don Quejoso un personaje difícil de encarar, sin embargo el niño no se inmutó. En lugar de asustarse como lo hacen los niños de su edad ante el rostro vetusto y recio de Don Quejoso el niño de gorra roja le devolvió una sonrisa chueca de incredulidad, y corrió hacia su nueva casa con la impaciencia de quien se encuentra ante un descubrimiento.

-¡jah! – exclamó Don Quejoso con voz baja, admirado por la situación recién experimentada. Luego, displicente, volvió la mirada hacia la mujer, quien presumiblemente era la madre del chiquillo. Y sonrió cambiándole completamente el rostro, esperando que la señora sintiera el mismo peso que la obligara a subir su mirada. Pero no fue así. El viejo colgó la sonrisa con la esperanza de relucirla en otra ocasión.

La mudanza siguió su curso y terminó cuando el sol se escondía tras el cerro. El chofer encendió su ruidoso camión, los cargadores subieron, y se despidieron de la señora quien tran un sonoro resoplido de cansancio cerró la puerta frontal de su nuevo hogar.

Don Quejoso no perdió detalle asomándose ocasionalmente por el balcón y notó que nunca, en ningún momento, se hizo mención de que alguien más viviera en esa casa. Sin embargo, eso no fue razón suficiente como para que el anciano pudiera imaginar que él tendría una oportunidad con ella, por supuesto. No era su intención acosar a esa mujer. Sólo se conformaba con tener un rostro atractivo frente a él cuando abriera la puerta de su casa y compartir un comentario pícaro pero inocente de vez en cuando. Sólo eso.

A la mañana siguiente, el viejo preparó una bolsa de pan, un frasco con jugo de naranja recién exprimido y tres manzanas y se dirigió hacia la puerta de su nueva vecina para darle la bienvenida. A pesar de la rudeza de Don Quejoso él siempre acostumbró dar la bienvenida a sus nuevos vecinos, no tanto por lo amable del gesto, sino para conocer un poco más de ellos y prevenirse en caso de que fuera necesario.

Tras tres toques de nudillo la puerta se abrió y el vaticinio de Don Quejoso se materializó: encontró un rostro amable frente su puerta. Con una sonrisa de luz de amanecer la señora saludó con un sonoro “hola!, buenos días”. Don Quejoso sonrió también.

-Hola, buenos días. Vengo a traerle esta bolsa de pan y jugo. Sé que cambiarse de casa a veces es una monserga y no es fácil encontrar las cosas para preparar un desayuno.

-Ah! muchísimas gracias. -dijo ella extendiendo la mano- Mi nombre es Rosa.
-¡Rosa! ¡Que lindo nombre! Bienvenida al vecindario.
-Muchas gracias. Y mire, este es mi hijo Polo.

El niño asomó su cara y levantó la mano con un efusivo “hola”.

Ese fue el momento en el que Don Quejoso y Polo se conocieron. Ese momento comenzaba un nuevo capítulo en la ya nutrida historia de la vida de Don Quejoso.

Don Quejoso y Polo compartieron muchos momentos juntos, aventuras increíbles. Polo pasaba tardes completas en la casa de Don Quejoso con la confianza plena de Rosa quien tenía que trabajar a veces hasta tarde. No es fácil dirigir una familia cuando sólo se cuenta con uno de los padres.

Parecía increíble que Polo -Polito, como él le decía- fuera inmune a los ácidos comentarios de Don Quejoso que le hicieran su fama tiempo atrás y que le dieron ese mote que él adoptó con gusto. Con tal de que no le buscaran buena cara con comentarios huecos o cotidianos.

Polito, a pesar de su corta edad, tenía un carácter bien definido y sabía bien lo que le gustaba y lo que no. Tenía una manera muy personal de ver la vida y no se detenía para expresarlo. Don Quejoso siempre encontraba alguna manera para molestar a Polito (como cuando le hacía comentarios lascivos con relación a su madre) y Polito también tenía sus propios recursos para molestar a Don Quejoso (como aparentar ignorar los comentarios del viejo). Siempre en contienda, pero siempre encontraban la manera de seguir conviviendo.

Don Quejoso y Polito escribieron muchas historias, y espero algún día podérselas contar. Como aquella vez, en la que Polito ayudó a Don Quejoso a llevar serenata a una muchacha que él conoció por Internet.

Posteado por: Don Quejoso | mayo 10, 2010

Día de las Madres

Nos hemos topado con un nuevo día de las madres. Ahora cayó en lunes. Le extiendo una felicitación a todos, tanto por ser madres como por haber tenido.

Pero no me sentiría merecedor de llamarme Quejoso si no me quejara, así que entremos en materia:

Me pudiera quejar de que la ciudad se vuelve un caos vial por todos los hijos adultos que llevan a su madrecita a comer a un restorán, como si fuera el único día que se acuerdan de que tienen madre. Esos gañanes que sienten que con llevarlas a un lugar bonito (y atascadísimo) una vez al año se exoneran de toda responsabilidad el resto del año, dejándolas olvidadas, desatendidas, solas. Me pudiera quejar de eso, pero no.

También me pudiera quejar de la explotación publicitaria que nos disparan desde un mes antes haciéndonos sentir involuntariamente que si no le compramos un amigo kit de telcel, una licuadora de Don Cristobalón o un vestido de Liverpool somos unos malos hijos. Este día lleno de intereses económicos que nos hacen olvidar lo verdaderamente importante que es la expresión del cariño, respeto y admiración hacia nuestras madres. También me pudiera quejar de eso, pero tampoco.

O también puede ser que me queje de la discriminación velada que produce el día de las madres. Miles de madres no fueron a trabajar, a otras tantas se les otorga medio día como prestación de “buena onda” por parte de las empresas. ¿Y las demás qué?. A las mujeres que no son madres ¿hay que restregarles en la cara que no lo son? ¿que no han cumplido con la sociedad?. Se venera a la madre como si fuera un baluarte nacional cuando es un privilegio muchas veces sin mérito (perdón, pero es cierto). Yo soy padre y encuentro mi mayor satisfacción en el mero hecho de serlo. No necesito un certificado que lo avale ni un reconocimiento público por mis “servicios”. ¿Por qué tiene que ser diferente a una madre? ¿Por qué tenemos que marcar y subrayar nuestras diferencias? ¿Por qué está bien festejar a la madre con fiesta nacional y al padre basta una palmadita en la espalda?. ¿Y por qué no se festeja al hijo? ¿A la hija?. ¿Por qué no hay un día del tío?, o más aún: ¿por qué tiene que haber días de lo que sea?. En la medida que fomentemos las diferencias seguirá existiendo la discriminación.

Me pudiera quejar de eso, pero no lo haré.

Y también me pudiera quejar del colapso económico que se provoca al dejar de producir. Tantas y tantas empresas mexicanas que dejan de trabajar en el día de la madre dándole en la ídem a la economía. Como si nos sobrara la lana. Hay movimiento de dinero sí, pero no hay producción. Y como si Mayo necesitara otro pretexto más para dejar de trabajar o estudiar. Como si las maestras de la escuela necesitaran otro pretexto más para hacer festivalitos en lugar de educar a los niños. Son fiestecitas privadas que se pagan con dinero que originalmente fue destinado a colegiaturas. Y todos tan contentos.

Pero no, tampoco me quejaré de eso.

O tal vez pudiera quejarme de la actitud soberbia que algunas madres toman en este día. Se sienten indiscutibles merecedoras del cetro que les fue conferido de manera divina. Te miran con altanería esperando que las veneres por sus méritos justos de haber parido. Es día de la madre, ríndete. Pero como afortunadamente no son tantas las mujeres que caen en eso no me quejaré de eso tampoco.

Ni tampoco me quejaré de los privilegios que tienen las madres que aún no paren por conseguir el mejor lugar de estacionamiento en cualquier plaza, una caja rápida exclusiva en el walmart y en los bancos, los primeros lugares en el cine (en el cual entran y apartan toda una fila para su familia), como si estar embarazadas significara algún tipo de discapacidad. Y una de las diferencias más tristes de los discapacitados con las embarazadas es que muchas personas en realidad sí quisieran estar en sus zapatos y no así al revés. No entiendo por qué esa visión generalizada de que estar embarazada es estar en desventaja. Pues ojalá que pronto se “alivien”.

Y por último no me quejaré de que en este día en un montón de establecimientos las madres tienen descuentos y a los demás “mortales” puro churro. Eso ya ni cuenta.

De lo que sí me quejaré es que en donde trabajo les dieron a todas las mamás un reloj bien chido y yo como el chinito: nomás milando. Pura mugrosa envidia.

En fin, feliz día Madres. Ojalá que se pasen un día lleno de emociones bonitas que apapachan (o amamachan) al corazón. Eso es lo verdaderamente importante.

Un abrazo.

Posteado por: Don Quejoso | abril 22, 2010

Acosándote sin pólvora.

Déjame tomarte una foto sin que te des cuenta. Déjame imaginar que tú me la diste, y más aún: que posaste para mí. Déjame ponerla en el portarretrato que tengo en mi escritorio y que aún conserva la imagen que tenía cuando lo compré.

Quiero imaginar que me miras y que en tu mirada me cuentas cosas de nosotros. Quiero sentir que en tu sonrisa me he refugiado mil veces y que es algo que me brindas a diario. Quiero en mis anhelos recordar lo que se siente besar tus labios y sentir cómo mi lengua tropieza con ese colmillo desviado -maravillosamente desviado- y que le pone a nuestros besos un sello irrepetible, un toque personal, una marca registrada.

Quiero que me susurres de nuevo que me quieres, que conmigo te sientes tú. Quiero sentirme domado por tu voz de viento en calma que me supo seducir incluso desde antes de conocerte.

Quiero imaginar que puedo nuevamente hundir mi nariz en tus rizos desinteresados, respirarte otra vez y sentir el aroma de jazmín. Angelical es tu nombre y divina tu juvenil faz. Tu contorno te envuelve en cintas de sutilezas que te hacen única, tan deseable.

Sabes que tus grandes luces me atraviesan como la luz del amanecer en mi ventana. Me siento irremediablemente vulnerable y desnudo, pero al mismo tiempo cómodo. Cálido. Tuyo.

Quiero imaginar que siento una vez más tu piel al deslizarme en tus hombros. Quiero sentir el roce de tus sutiles vellos al toque de mis dedos. Quiero que en esa primera vez se vuelquen todas mis memorias construidas y todo sea un recordarte nuevamente.

Me gustas. Me gustas tanto. Y no puedo evitar este ejercicio de fantasía siempre que te veo. Y también sé que sólo en eso quedará, pues los efectos secundarios que se dispararían al arrastrarte a mi realidad son disparejos e indeseables.

Te seguiré viendo así, disimulando mi fascinación, pretendiendo que todo lo que existe en mi cabeza es el producto de lo cotidiano, la cordialidad de los conocidos.

Pero te advierto: cada sonrisa tuya me la adueñaré aunque no haya sido para mí. Cada mirada que me brindes la adornaré con encaje de hilo y pretenderé que en tus ojos de luna tienes inyectado un deseo igual al mío y que por motivos personales has callado; y si me toca estar a tu lado cuando recibas la llamada incómoda simularé otra en mi propio teléfono.

Te acosaré inocentemente y sin consecuencia, como una bala de salva. Estaré observándote con prudencia y seguiré fingiendo asuntos que entrelacen los caminos del día. Te brindaré un cariñoso y efusivo “hola” admirándonos de la casualidad que de nuevo se hace presente. Platicaremos de alguna trivialidad en donde probablemente deba fingir interés amable (en lugar de hablar de cosas más interesantes: como el destino de nuestras próximas vacaciones) y llenaré mi día con miradas contenidas y con intenciones en silencio. Nos despediremeos amablemente con la esperanza de que -otra vez- el destino cruce nuestros caminos para otorgarnos una pequeña dosis de esperanza. Un respiro de aire fresco.

Posteado por: Don Quejoso | marzo 25, 2010

Equilibrio

Siempre me han causado curiosidad aquellas personas que ostentan el optimismo como respuesta para todo. Como si el optimismo debiera ser el estado humano por excelencia. Como si no importara tanto el ser feliz como el parecer feliz.

Si estás pasando por un momento difícil nunca faltará aquel amigo o conocido que te tratará de animar con frases prefabricadas tipo “todo va a estar bien” y todo aquello que te comentaba ya hace un año en aquel post “Cuando las ganas no son suficientes”. (¡Hace un año de eso! wow!)

Pero a lo que obedece mi reflexión de hoy es ¿debemos estar siempre contentos? ¿siempre optimistas?

Muchas culturas definen la vida misma como un equilibrio. Y un equilibrio, por definición debe incluir cuando menos dos pesos ejerciendo una fuerza de misma intensidad pero en sentido inverso, anulándose mutuamente. Dichos equilibrios se han ejemplificado de mil maneras en nuestra existencia: como la luz y la obscuridad, la vida y la muerte, el bien y el mal, la felicidad y la tristeza.

Dicho esto, mi pregunta es: ¿por qué estamos constantemente atacando el mentado equilibrio?. Cuando alguien está triste hay que contentarlo, es lo que nos dice la tradición. Pero cuando alguien está muy muy contento ¿por qué no hay que entristecerlo?

No entiendo el equilibrio en esto. ¿Dónde está?

Posteado por: Don Quejoso | marzo 4, 2010

This Too Shall Pass

¿Recuerdan aquel video viral muy famoso del grupo Ok Go que se llamaba Here It Goes Again? (Uno en donde cantaban sobre unas caminadoras).

En esta ocasión acaban de presentar otro video más: This Too Shall Pass, en donde sincronizan la canción durante los ordenadamente caóticos eventos de una Máquina de Rube Goldberg (para darle pretexto al viernes Geek).

*Fake o no: está excelente.

Posteado por: Don Quejoso | febrero 17, 2010

Rimando Quejas


Aquí vuelve un servidor
como hacen las abejas
a las flores de color.
Heme aquí, rimando quejas.

Hoy quisiera presentarme
con la queja de mi agenda:
Quesque no se come carne
porque estamos en cuaresma!

No critico si alguien quiere
no comer carne pues se vale.
Otra cosa es que la nieguen
que “por ser pecado” ¡chale!.

Tanto tiempo en que la iglesia
varias veces ha aclarado
de que sólo es una ofrenda
mucha gente tovía’ dice: “ah, no es pecado”

Son personas que no piensan,
sólo viven de costumbres.
No cuestionan, se someten.
Sólo tienen mansedumbre.

Y si son felices ¡sean!
no me meto con sus cosas,
pero ¿yo qué culpa tengo
de sus cosas religiosas?

Todo esto viene al cuento
porque la señora Clara
es de “harto azotamiento”
y costumbres arraigadas.

Tiene las cejas fruncidas
y en carácter mucho aplomo
(y cocina la comida
en la fonda que yo como)

Posteado por: Don Quejoso | febrero 15, 2010

El que tenga tienda, que la atienda

…y si no, que la venda.

Así dice el dicho, y creo que tiene toda la razón. Y viene al caso por el tiempo que abandoné este blog. Sumido en otros pensamientos, distraído con otras cotidianidades.

Te pido perdón, blog.

Perdón por el abandono, el dejamiento. Por no ser bueno ni para decirte buenos días. Por acostumbrarme que estás ahí, como una estatua de parque.

Puse mi vida en pausa eso fue lo que pasó. Han transcurrido mis días y yo manejando en piloto automático.

Ejecuté paso a paso mi rutina salvando el día bajo el precepto de los doble A: Un día a la vez.

Pero por más rutinaria que sea la vida siempre hay cosas que te hacen despertar del letargo, de la fascinación. Y eso pasó la semana pasada. Me di cuenta de que he estado caminando sin rumbo, pero sin dejar de caminar. El problema de caminar por caminar es que se corre el riesgo de caminar en círculos. Y justo eso me pasó:

Me di cuenta de que estaba pisando mis propias huellas. Estaba volviendo a recorrer el camino que elegí para huir del problema al que volví.

De vuelta al punto de partida. Preguntándome si dar de nuevo el primer paso.

Older Posts »

Categorías